Es momento de que nuestros líderes políticos actúen con determinación y visión, opina Francisco Cabrera
Las nuevas políticas federales con imposición de aranceles a decenas de países, cambios en las tasas de interés y renegociaciones presupuestarias, entre otros giros, crean un clima económico y político turbulento.
Esas nuevas políticas crean un nuevo panorama para negocios pertenecientes a minorías en todo Estados Unidos, incluyendo Puerto Rico. Sin embargo, en la isla, los cambios tienen implicaciones únicas para la comunidad empresarial, que vive desafíos económicos particulares debido a su estatus territorial y a una reducción histórica de inversiones.
Los nuevos aranceles, particularmente aquellos aplicados a materias primas importadas, impactarán a pequeños fabricantes y minoristas en Puerto Rico, muchos de los cuales dependen de cadenas de suministro globales.
El aumento en los costos de bienes y materiales reduce márgenes de ganancia ya limitados, dificultando la competitividad de los empresarios y la expansión de sus operaciones. Dado que Puerto Rico importa casi el 85% de sus alimentos y productos de consumo, los aumentos de costos relacionados con aranceles afectan desproporcionadamente tanto a los negocios locales como a los consumidores.
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